miércoles, 4 de enero de 2017

VIEJAS, QUERIDAS ESTACIONES



            Entre las buenas noticias que nos llegan en estos primeros días del año se encuentra una que a mí, personalmente, me produce amistosas satisfacciones. La genera la Diputación provincial desde donde se nos informa del proyecto de incorporar las vetustas, abandonadas, maltratadas, entrañables estaciones antiguas de la línea del ferrocarril a los planes ya en desarrollo para salvaguardar el patrimonio edificado provincial.
            Las desdichas de esas queridas y atractivas estaciones de trenes están vinculadas al pertinaz, malévolo abandono de la línea férrea tradicional Aranjuez-Utiel por Cuenca, según se definió en los orígenes, aunque ahora en realidad enlaza Madrid con Valencia si es que hubiera alguien tan insensato como para pretender hacer semejante viaje en el que se le puede ir media vida. De modo pertinaz, la empresa ferroviaria (ya saben, la Renfe inventada en la posguerra para sustituir a las antiguas compañías privadas que se habían repartido el pastel del territorio español) ha sido abandonando, año tras año, sin interrupción, un servicio que dejó de interesarle para dedicar todos sus afanes a la alta velocidad.
            En esa política de abandono entraron también las estaciones, tan vinculadas durante decenios a la vida de los pueblos. Una tras otra fueron cerrando para quedar muchas de ellas totalmente abandonadas y expuestas al inevitable proceso de ruina. En otros lugares con mayor visión de las cosas, por ejemplo, en el norte peninsular, se produjo un movimiento de recuperación de esos inmuebles para utilizarlos con otros fines, generalmente vinculados al turismo o al disfrute del medio ambiente. Aquí no ocurrió tal cosa, sino la contraria, como acabo de decir.
            Ahora la Diputación se propone recuperar esas viejas y bonitas estaciones, con un programa de intervenciones que se vincula a la muy eficaz tarea que en ese sentido viene haciendo durante los últimos años la institución provincial. No se nos ha dicho todavía qué se piensa hacer con estos inmuebles una vez recuperados, pero supongo que habrá algunas ideas ya porque restaurar por sí mismo no es un objetivo. Sí lo es que el inmueble recuperado tenga luego una utilidad social. Esperemos y, por ahora, digamos que bien está lo que se empieza con buena voluntad.


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