viernes, 6 de enero de 2017

EL MALTRATADO QUIOSCO DEL PARQUE



         Cierto sector de la vida ciudadana, incluidos algunos ilustres regidores municipales, se vienen mostrando proclives a poner las manos y los dineros públicos en el inútil Bosque de Acero, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, o sea, que pueden llegar dineros de Europa y en vez de utilizarlos en cosas prácticas y asequibles parece mejor seguir despilfarrándolo en sandeces sin fuste ni fundamento. Como dice una persona a la que respeto, lo peor que le puede pasar a un Ayuntamiento es tener dinero y si es abundante, peor todavía.
            En vez de andar jugueteando con esas elucubraciones fantasiosas, sería más útil, digo yo, poner los pies en la tierra y, por ejemplo, invertir cuatro perras en pintar la rayas de las calles, sobre todo las de los pasos de peatones. Vean, si no, cómo han desaparecido por completo las de la calle Alfonso VIII, donde cualquier día de estos, alguno de los vehículos (y en ese concepto se incluyen coches, autobuses y motos) que van a cien por hora se lleva por delante a un incauto peatón.
            Pero si eso parece cosa prosaica, de poco fuste, los ojos municipales podrían ponerse en otros asuntos, como el desdichado quiosco de la música del parque de San Julián, al que prendieron fuego unos desaprensivos en los ardores del verano, destruyendo así un panel de los bonitos mosaicos que lo adornan.
            ¿Ha oído alguien si algún concejal, del poder o de la oposición, ha presentado ruego, pregunta o interpelación sobre la necesaria reposición de esos mosaicos? Pues no, que yo sepa.
            Más valía, sigo diciendo yo, que pusieran manos a una obra tan asequible, discreta y poco costosa, en ver de estar elucubrando sobre otras cuestiones.


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