jueves, 15 de junio de 2017

UNA FRUSTRADA REUNIÓN POÉTICA


Esta semana que ahora llega a su mitad debería haber estado marcada, en la Agenda de la Cultura que elaboro diariamente contra viento y marea, dentro de un moderado interés colectivo, por la celebración de un evento titulado Leer y entender la poesía. Poesía, historia e ideología. La cita, con la poesía como pretexto nada baladí, debería ocupar dos días de esta semana y fue debidamente convocada, con programa y relación de participantes incluidos, para que quienes estuvieran interesados formalizaran su inscripción, de acuerdo con los requisitos burocráticos que el ente universitario tiene previsto para estos menesteres.
Se puede deducir, del tono impuesto hasta ahora a mis palabras, que lo que presuntamente iba a ser en realidad no lo ha sido. La convocatoria fue anulada y la cita queda postergada para una mejor ocasión.
Conviene, quizá, echar un poco la vista atrás y rehacer brevemente la historia de este suceso. El curso Leer y entender la poesía se puso en marcha hace unos 15 años, cuando aún vivía su principal promotor, Diego Jesús Jiménez, que consiguió colocarlo en su tierra natal, Priego, en el punto neurálgico en que confluyen la Serranía y la Alcarria. Gracias a esta iniciativa, que desde el primer momento contó con el apoyo del Ayuntamiento de Priego y de la Universidad de Castilla-La Mancha, con aportes esporádicos de la Diputación, el curso fue avanzando en años, en sabiduría, y en experiencias, acumulando un largo rosario de figuras señeras de la poesía española que hicieron que, durante unos días, la lánguida vida de un sencillo pueblo conquense encontrara motivos para el dinamismo vital y la curiosidad. Murió el promotor pero la idea continuó existiendo, ahora llevada de la mano por jóvenes profesores encabezados por Martín Muelas y Ángel Luis Luján.
No faltaron nunca dificultades y problemas, cosas ambas que son como el pan nuestro de cada día cuando se habla de Cultura en Cuenca o se quieren interrelacionar ambos conceptos, Cultura y Cuenca. Pero el invento iba marchando y cubriendo etapas hasta que sucedió algo normal en un sistema democrático: en 2015 hubo elecciones, cambió el signo político del Ayuntamiento de Priego y el nuevo alcalde (del PP, naturalmente) pensó que eso de invertir tiempo y energías en cosas poéticas era una solemne tontería. La cosa es más llamativa si tenemos en cuenta que el Ayuntamiento de Priego no tiene que hacer nada, ni trabajar en nada, ni aportar ni un céntimo. Solo respaldar que la ciudad acoja el curso y que para hacerlo se pudiera utilizar el centro cultural municipal. Como la burricie del gremio de alcaldes no tiene límites en ningún sitio, el curso quedó cancelado. Al alcalde de Priego le pareció un lujo innecesario que el nombre del lugar estuviera vinculado a una cosa tan inútil como un curso de poesía. Sin duda, debió pensar el munícipe, hay en este mundo otras muchas cosas más apasionantes a las que dedicar su tiempo y no a oír tontunas esotéricas sobre poesía.
Sus promotores, insistentes ellos, pensaron que sería buena fórmula traerlo a la capital de la provincia, donde dicen los sloganes publicitarios hay mucho ambiente cultural. Y así, con esa optimista perspectiva, se puso en marcha la convocatoria de este nuevo curso, cuyo objetivo es explorar la condición de la poesía como documento histórico más allá o junto a su condición de objeto estético. Entender las relaciones que la poesía establece con el tiempo en que fue escrita, situarla en sus coordenadas sociales e ideológicas nos puede ayudar a entender mejor su lugar entre los discursos existentes en una época. Desde estas premisas los ponentes se proponían realizar un recorrido desde la poesía comprometida de los cincuenta hasta las nuevas formas de compromiso y de testimonio. Teorías acompañadas, como es inevitable en una cita poética, de los convenientes y necesarios recitales de autores presentes en la reunión.
Todo se ha ido al traste por la escasa respuesta recogida de quienes podían haber mostrado algo de interés por asistir. Los promotores no se rinden, creo. Quieren reunir fuerzas y entusiasmos para volver a intentarlo en otoño, con otra fórmula que soslaye las dificultades organizativas de un curso universitario y relanzarlo de nuevo, quizá en otoño. Para entonces, volveremos a hablar del caso.




martes, 13 de junio de 2017

UN SUEÑO CON GOYTISOLO


Un ciudadano español es asesinado en Londres. Se trata de un crimen alevoso, envuelto además en el entorno de un atentado provocado por tres locos suicidas que deciden ganar un puesto en el cielo islámico aportando como mérito esencial (único, en realidad) haber matado indiscriminadamente a varias personas. Una de ellas era Ignacio Echevarría  Para repatriar su cuerpo, el gobierno envía a un avión oficial de las Fuerzas Aéreas; el féretro es trasladado y recibido con todos los honores y el necesario despliegue de los medios informativos. A pie de escalerilla espera el presidente del gobierno con una condecoración que se entrega a los padres de la injusta víctima del terrorismo. España y su gobierno se han portado bien con Ignacio Echevarría.
A varios miles de kilómetros de distancia, un par de días antes, otro ciudadano español ha muerto, en este caso de vejez y, por lo que sabemos de él, también de amargura y pesimismo. La vida de Juan Goytisolo no ha sido truncada de manera violenta sino que ha llegado hasta el final por sus pasos contados, dejando tras sí una larga estela de obras literarias y algunos premios para acompañarla. Ha muerto en Marrakech, donde vivía, y ha sido enterrado en Larache, al borde del Atlántico. Nadie del gobierno ha viajado a Marruecos para que en ese entierro hubiera una representación oficial del país al que la palabra de Goytisolo ha ennoblecido. Que se sepa, el presidente del gobierno no ha dicho ni media palabra (ni siquiera tópicas) sobre los méritos de este ciudadano que hizo de la lengua española su utensilio de trabajo.
El año pasado, en Marrakech, paseando por la plaza de la Jemaa, el lugar preferido de Goytisolo en su lugar de apartamiento, quise tener la buena suerte de tropezármelo por allí, como si fuera un objeto turístico más, pero no se dio el caso y eso me dejó un tanto frustrado porque, iluso, llegué a pensar que el sueño infantil sería posible.
Me gustaría saber, solo por curiosidad, quién decide, en la Moncloa y aledaños, qué muertos son de primera y cuáles de segunda. Y conocer, de paso, si en ese palacete donde se cuecen los grandes negocios del país, hay alguien que tenga alguna preocupación, aunque sea pequeña, para cubrir el expediente, por las cosas de la cultura. Porque al señor Rajoy, lo sabemos también, se le verá en la final de las competiciones deportivas, incluida la última victoria del Real Madrid en Cardiff, pero nunca lo hemos visto ni en las galas de los Goya (o similares) ni en la entrega del premio Cervantes ni en ninguna otra molesta y culta situación parecida.



miércoles, 31 de mayo de 2017

LOS VALDÉS Y SU TIEMPO


Este es un buen momento para recomendar una visita a la Biblioteca Pública “Fermín Caballero” y pasar un rato entre las vitrinas que exponen libros con varios siglos de antigüedad, en torno a la figura de Juan de Valdés y, complementariamente, también sobre su hermano Alfonso. La primera impresión apabulla: que alguien se haya dedicado a recopilar, recoger, buscar, coleccionar, comprándolos, naturalmente, estos libros que desprenden historia y sabiduría, todo a un tiempo es, en verdad, algo sorprendente. Pues eso es lo que ha hecho Antonio Escamilla Cid, cuya afición se orienta hacia algo tan encomiable como la que tenemos a la vista: ejercer una delicada afición bibliográfica (creo que también hacia otras cosas, pero aquí es esa la que interesa).
Tras las tinieblas, la luz: los hermanos Valdés, su época y su entorno, es el título, ciertamente expresivo, de lo que nos espera en esta exposición que no tiene la grandeza (en espacio) ni la parafernalia (en mecanismos publicitarios) que acompañan a otras y por ello no se tampoco si consigue el efecto deseable, el impacto cultural que debería ejercer en una sociedad cada vez más necesitada de estímulos como éstos, para compensar las miserias de una vida cotidiana envuelta en unos mecanismos tan vinculados a los impactos mediáticos de cada jornada (ya saben: corrupción por acá, Cataluña por allá, Ronaldo y Messi en este lado, procesiones a toda pastilla y cosas por el estilo).
La época que ocupan los hermanos Valdés y su propia obra ha dado para extensos trabajos de investigación y de interpretación. Quizá en esta exposición se enfatiza en demasía la vinculación de ambos con los movimientos reformadores que pusieron en cuestión los principios hasta entonces intocables de la Iglesia romana pero sin que yo quiera en absoluto desmerecer esas interpretaciones, me interesa mucho más la dimensión estrictamente literaria, más aún, lingüística de lo que ambos hicieron, poniendo firmísimos fundamentos para elaborar el idioma castellano que hoy utilizamos.
Ahí, en esa exposición, están ambas cosas, los libros de fundamento religioso al borde de lo herético y las obras literarias de profundo calado. Hay numerosas ediciones de las obras de ambos hermanos y también otras muchas relacionadas con el propósito que se desprende del encabezamiento, esto es, en torno a la Reforma en España y a los más destacados protestantes que en tiempos tan duro se atrevieron a alzar la voz, sin que falte, como es lógico, la adecuada representación de Constantino Ponce de la Fuente, otro cura conquense rebelde y por ello mismo pieza predilecta de la Inquisición. No faltan antiguas Biblias protestantes escritas en español, obras de Erasmo, Calvino y Lutero, acompañadas de una breve pero sustanciosa colección de grabados de los personajes protagonistas de la exposición.
Una cita muy interesante y una visita necesaria, aunque solo sea como curioso paseo por una parte fundamental de nuestra cultura colectiva.


jueves, 4 de mayo de 2017

UNA CALLE MAYOR MUY SINGULAR



            Hace apenas unos meses, en noviembre del año pasado, se celebró la 19ª Semana de Cine de Cuenca, recuperada tras varios años de ausencia por el Cine Club Chaplin y que, entre sus diversos ingredientes, todos ellos de contenido cinematográfico, como parece obvio decir, se incluyó un ciclo conmemorativo dedicado a la figura del director Juan Antonio Bardem y a la que, con toda probabilidad, fue su obra más significativa, Calle Mayor, rodada parcialmente en Cuenca en la que, según parece ser coincidencia generalizada, es la película que mejor y con mayor justeza ha sabido recoger imágenes de nuestra ciudad como soporte visual para un argumento narrativo. Calle Mayor es una historia que recoge con asombrosa fidelidad la vida y las miserias humanas (también la dignidad de su personaje femenino protagonista) en una pequeña ciudad provinciana en los duros años del franquismo y para ambientar ese relato, tomado de una obra de Carlos Arniches (La señorita de Trévelez), Bardem encontró en las calles, los rincones, los puentes y el paisaje de Cuenca el escenario adecuado.
            Aquella conmemoración, 60 años desde el estreno de la película, tuvo en el ámbito de la Semana de Cine tres soportes: un pequeño seminario, una gran exposición y, lógicamente, la proyección de la película en una versión restaurada y remasterizada, que permite ahora recuperar con plena nitidez aquellas magníficas imágenes en blanco y negro y a la que se acompañó, con características de estreno absoluto, el primer visionado de una entrevista realizada a Bardem en la Posada de San José, en la que habla de él mismo, su obra y su compromiso político y, naturalmente, del rodaje de la película en Cuenca.
            Ahora llega a las manos de los aficionados un excelente ejemplar impreso que recoge el desarrollo de aquella actividad. Cuenca, Bardem y su Calle Mayor, es un volumen editado por el Cine Club Chaplin y coordinado por Pepe Alfaro y Pablo Pérez Rubio, autores a la vez de la introducción al texto (que se abre con un comentario a cargo del presidente del Cine Club, José Luis Muñoz), con el que sitúan, con perspectiva histórica, la aparición de la película, su impacto social y fílmico y las motivaciones que han hecho recuperar aquel momento cinematográfico especialmente intenso, en el que Bardem eligió a Cuenca, aunque en la película nunca se menciona este nombre, como síntesis representativa de la España de un momento singularmente preciso, “con su rancio catolicismo, su estratificación social, su represión colectiva, su patriarcado y su asfixia general”.
            Tras este comentario inicial, el libro recoge el texto íntegro de las dos conferencias pronunciadas durante el seminario, “Calle Mayor, de Juan A. Bardem, y la imagen de Cuenca”, de Juan A. Ríos Carratalá, un texto verdaderamente esclarecedor, a cargo de un auténtico especialista en la obra de Bardem y “De conflictos, oposiciones y contrastes”, de Antonio Santamarina, hasta poco tiempo antes director de la Filmoteca Español y experto en el análisis de la realidad cinematográfica de la España que nos ocupa. Estos artículos se completan con un tercero, a cargo de uno de los coordinadores de la actividad, Pablo Pérez Rubio, quien desmenuza en forma crítica “Drama provinciano, melodrama del deseo”.
            Por su parte, Pepe Alfaro ofrece datos y detalles del rodaje de la película y aporta una curiosa noticia sobre el proyecto de Bardem de realizar una segunda parte, para la que incluso llegó a esbozar un guión, propósito que hubiera sido la oportunidad de volver a utilizar los escenarios de Cuenca. Finalmente, el contenido literario de este libro se completa con un breve artículo de Antonio Lázaro, autor de la entrevista con Bardem que hemos comentado anteriormente.
            La segunda parte del libro tiene contenido fundamentalmente gráfico, ya que incluye la totalidad de las fotografías, realizadas por Felipe López, que estuvieron montadas durante la exposición celebrada en el Centro Cultural Aguirre durante el periodo de celebración de la Semana de Cine de Cuenca. Se trata, realmente, de una colección de excepcional belleza plástica en la que dos elementos, película y ciudad, se combinan de forma extraordinaria para ofrecer una simbiosis tan expresiva como conmovedora de un momento ciertamente singular, vivido hace ahora 60 años, y recuperado con plena y sorprendente vigencia.



miércoles, 26 de abril de 2017

LO DEL CASTILLO DE GARCIMUÑOZ

           


          La RACAL ha decidido emitir un comunicado sobre "lo" del Castillo de Garcimuñoz, o sea, lo que ha sucedido allí con una presunta intervención restauradora promovida nada menos que por el ministerio de Fomento. Como comparto lo que dice el ente académico, presto esta tribuna para que el comunicado se pueda difundir más ampliamente y llegue hasta donde pueda llegar, o sea, a los ciudadanos interesados por la cultura y el patrimonio de nuestra provincia. Dice así el texto aquí reproducido:
          La Real Academia Conquense de Artes y Letras desea hacer pública su posición sobre la intervención realizada en la fortaleza de Castillo de Garcimuñoz. Se trata de un poderoso inmueble de noble presencia que ha sufrido el paso de los siglos con intervenciones poco afortunadas. Sus muros fueron utilizados como alojamiento de nichos del cementerio y en un amplio sector se instaló la iglesia parroquial de San Juan; además, una de las torres se transformó en campanario.
            Es claro que un monumento de estas características y relativamente bien conservado, al menos en su estructura general, animara a los responsables de la administración local y provincial a pensar en la conveniencia de aprovecharlo con fines turísticos. Largas y prolongadas fueron las gestiones para conseguir una intervención del Estado que pudiera cumplir ese objetivo. Finalmente, el gobierno atendió esos requerimientos y decidió llevar a cabo la intervención, con cargo al 1% cultural, a través del ministerio de Fomento.
            Resulta llamativo que una actuación estatal se haya podido efectuar sin atender la normativa vigente en materia de intervenciones en un edificio catalogado como Bien de Interés Cultural y desoyendo las sucesivas advertencias emitidas por el organismo cualificado para ello, la Comisión Provincial del Patrimonio histórico-artístico.
También llama la atención que en todo el proceso se habla siempre de rehabilitación y restauración, cuando en la práctica lo que se ha producido es muy poca restauración y sí una atrevida intervención para implantar un contenido, en forma de estructura metálica moderna en un continente de muros medievales.
            La remodelación del castillo se realiza bajo un proyecto de la arquitecto Izaskun Chinchilla (Madrid, 1975) que ha implantado en el castillo una instalación diferenciada elaborada con elementos propios de la modernidad, incluyendo aportaciones cromáticas y técnicas contemporáneas. Es decir, se ha utilizado un edificio histórico, de determinadas características, como contenedor de un elemento absolutamente extraño para obtener unos fines que muy bien se hubieran podido lograr implantando ese elemento en cualquier otro lugar del municipio.
            La Real Academia Conquense de Artes y Letras no desea emitir ningún juicio o valoración sobre el trabajo de la arquitecto Izaskun Chinchilla, sino solo sobre el hecho de que tal obra haya sido incorporada al castillo de Garcimuñoz, distorsionando gravemente el carácter y la naturaleza de la fortaleza medieval, incluyendo los desconcertantes elementos decorativos que se han implantado en lo alto de las torres circulares y que alteran la visión general del edificio.
Los más de 2000 m2  del proyecto incluyen Cine al aire libre, Librería, Cafetería, Librería Visual y Librería de Música en lo que se denomina genéricamente “mediateca”. Los materiales principales utilizados han sido acero galvanizado, vidrio, madera y material cerámico con uniones 100% reversibles. Creemos que para conseguir este objetivo de presunta utilización popular y turística no hacía falta distorsionar el espíritu propio del castillo y lamentamos que se haya producido un nuevo e innecesario ataque contra el patrimonio histórico de la provincia y, además, desde un organismo estatal.



NIÑOS EN LAS BIBLIOTECAS


Casi todo el mundo sabe lo que es un Club de Lectura, una reunión de personas en torno a un libro, que se lee, se comenta, se discute, bajo la dirección o coordinación de otra persona, quizá un especialista, que busca en el texto los matices escondidos o los hechos sobresalientes que pueden ayudar a la comprensión de la riqueza existente en las páginas de ese volumen. El Club se reúne una vez a la semana, o al mes, o cuando lo fija el coordinador. Hasta aquí la teoría.
La novedad en el tema que hoy traigo a colación es que se trata de un Club Infantil. Doce niños, entre 7 y 8 años, han formado ese Club bautizado con el sonoro título de “Los Leones”. Lo coordina el padre de uno de ellos, Nacho Vignolo y tiene su sede en la Biblioteca Municipal del Centro Cultural Aguirre. Se reúne cada viernes en una de las salas, leen cuentos y por turno, uno detrás de otro, cada niño relata un párrafo del libro elegido para la ocasión, dando paso a otro compañero a medida que avanza la lectura y así se van enlazando consecutivamente en la narración, que todos siguen con profunda atención y que, además, ahora van completando con una especie de interpretación en voz alta, en el escenario del Centro, ayudando así a la dramatización del texto leído.
Por supuesto, un factor importante en el desarrollo de la actividad es el fomento de la capacidad de interpretación del texto, lo que obliga al coordinador a ofrecer explicaciones sobre algunos elementos del léxico que puedan resultar extrañas al vocabulario habitual de los niños o sobre algunos matices quizá ambiguos que también deben ser comentados para una correcta comprensión.

En estos tiempos dichosos en que tanto nos quejamos (casi todos) del preocupante nivel de lectura entre jóvenes y adultos, del retroceso que parece evidente en la letra impresa en papeles, cada vez más dominada por los artilugios electrónicos, que exista esta realidad de un Club de Lectura infantil nos ayuda a sentirnos menos pesimistas. Y lo seremos menos si el ejemplo cunde y surgen más clubes de este tipo en más bibliotecas públicas de nuestro ámbito provincial.
A lo mejor no todo está perdido. 

lunes, 24 de abril de 2017

ARTE ENTRE TURBAS


            Esta semana, hasta el 2 de mayo, todavía puede visitarse la exposición colectiva titulada “Turbas, arte y tradición”, organizada por la hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno del Salvador, en la que, como es sabido de sobra, se integra la famosísima turbamulta que la precede haciendo resonar, sin parar un momento, tambores y clarines.
            Siempre se ha caracterizado esa cofradía por buscar un complemento literario y artístico a su propia existencia. Fue de las primeras (no me atrevo a decir que la primera de todas) que puso en la calle una publicación periódica anual, Cuadernos de Semana Santa, con la intención de fomentar los estudios sobre esta peculiar actividad conquense, tan arraigada. También ha buscado siempre la dimensión artística de la celebración, estableciendo relaciones muy íntimas con destacados creadores vinculados a Cuenca e incluso patrocinó una obra musical, titulada también Turbas, original de Cristóbal Halffter.
            De manera que no es un hecho sorprendente que haya promovido esta exposición colectiva, en la que participa medio centenar de artistas, algunos con obras que ya tenían de antes, otros con cuadros trabajados ex profeso para la ocasión y que vienen a ofrecer un curiosísimo muestrario de cómo ve cada cual esta singular manifestación, no se si decir religiosa o simplemente lúdica, que en la madrugada de cada viernes santo se escenifica espectacularmente por las calles de Cuenca.
            Es muy interesante, además de aleccionador, contemplar esta serie en las paredes de la sala de exposiciones temporales del Museo de Cuenca, en la calle Princesa Zaida, sobre todo ahora en que, pasado el habitual ímpetu inicial (todo el mundo se aglomera en estas citas el día de la inauguración, como si fuera a evaporarse después de los discursos) ahora es posible pasea por ella con tranquilidad, saboreando lo que cada cual ha percibido de las turbas, unos recogiéndolas en bloque, buscando el apretamiento de la masa, otros captando detalles sueltos, minimalistas incluso y, por supuesto, con mezcla y convivencia de todos los estilos imaginables, que eso tienen las colectivas, en que cada cual aporta lo que tiene.

            Como en este comentario no quiero seleccionar ningún artista en concreto (aunque, como es natural, tengo mis preferencias, faltaría más) recurro a una imagen general de la sala que puede dar, imagino, una imagen cabal de lo que allí hay.

BONITO DÍA DEL LIBRO





            Esto no es como Barcelona, pero cuando uno hace lo que puede tampoco debe exigírsele más de la cuenta. Es cierto que la foto puede resultar engañosa, porque está tomada a comienzos de la jornada y aún hay poca gente curioseando; luego la cosa se fue animando, con la ayuda del buen tiempo que a mediodía y por la tarde ofrecía algo parecido al calorcillo primaveral lejos del rigor tempranero.
            Era, una vez más, el Día del Libro, en jornada adelantada por aquello de que aquí se le sigue teniendo mucho miedo al domingo y todo el mundo (o sea, los libreros) piensan que mejor en sábado. Las autoridades acudieron puntualmente a la cita obligada para ofrecer sus discursos a la concurrencia, coincidiendo todos (y ya es cosa curiosa que coincidan en algo) en defender y proclamar la importancia de la lectura, el valor social y humanístico de tener un libro en las manos, el compromiso con el mantenimiento de ejemplares en papel, en la seguridad de que podrá resistir el empuje de las tecnologías en forma de pantalla.
            En la acerca de la Plaza de la Hispanidad, ocho librerías cuidadosamente ordenadas en fila ofrecían a los curiosos una nutrida batería de títulos, con predominio destacado de los betsellers y los libros infantiles y juveniles junto a la clamorosa ausencia de libros sobre Cuenca o de autores conquenses, aunque algunos de estos últimos aún se atrevieron a convocar citas para firmar ejemplares.
            Esto no es Barcelona. No hay una multitud apretujándose por las Ramblas, no vienen los grandes santones de la literatura (entre otros motivos porque todos están allí), no hay rosas (un año las hubo pero parece que el invento no cuajó), pero hay libros, mostradores con libros, paseantes buscando aquella sugerencia que pueda atraer su atención y libreros, esforzados libreros que siguen peleando por conseguir que la fiesta no decaiga.

            Es un día bonito este 23 de abril. Está bien que lo mantengamos, que se mantenga muchos años más. Si es posible, siempre.

domingo, 23 de abril de 2017

LOS ARTÍCULOS DE RAÚL DEL POZO


            Leo en El Mundo, su periódico de todos los días, que Raúl del Pozo publica (o le publican, que es más correcto decir) un nuevo libro, El último pistolero, en Círculo de Tiza, antología elegida entre los artículos aparecidos en su columna diaria, en la última página (o contraportada, que dicen algunos) en ese mismo periódico, rincón de privilegio visual que heredó a la muerte de quien lo ocupaba, Francisco Umbral.
            No quedan ya, me parece, muchos escritores de artículo por día (aunque descanse los fines de semana). Yo lo estuve haciendo durante años y se perfectamente cuales son las miserias y las mieles de semejante ocupación, con una preocupación que empieza en el mismo momento en que uno abre los ojos por la mañana y se encuentra con la perspectiva de tener que buscar un tema para el comentario, a la que sigue otra no menos inquietante y que Raúl del Pozo explica con una frase rotunda: “Lo mío con el estilo es una lucha despiadada”, que sin duda no comprenderán los que se lanzan alegremente a la escritura diciendo de corrido la primera barbaridad que se les ocurre y sin corregir ni una coma.
            Del nuevo libro que ahora se anuncia no me gusta el título, aunque entiendo perfectamente el sentido, como es natural en alguien que, como yo, siente devoción inmarchitable por el western, pero en los convulsos tiempos que corren quizá habría que hacer apelaciones más claras al diálogo y el respeto y menos a las pistolas o cualquier otro signo de violencia. Algo que tiene sentido total sabiendo que tras ese libro y esas páginas hay un hombre radicalmente pacífico, que ama la vida con profunda devoción.
            Raúl del Pozo es un periodista integral y ese es su terreno natural, aunque a veces haya realizado inmersiones en la literatura. En su quinta novela, Ciudad levítica (2001), la acción se ambientó en Cuenca, si bien este nombre no se escribe ni pronuncia una sola vez, pero todas las referencias internas aluden a esta ciudad de nuestros pesares. La última publicada, El reclamo, ganó el premio Primavera en el año 2011 y fue un título que recibió escaso eco en el embarullado sistema de la crítica en medios periodísticos quizá porque, como escribió Carmen Rigalt, “el silencio es un arma cargada de intenciones (luego dirán del periodismo basura)” antes de afirmar, rotundamente, que Raúl del Pozo es el último escritor del siglo de oro.
            Como tantos otros escritores o artistas, conserva en la memoria y en la retina la esencia de Cuenca. Lo repite ahora, en un tono suave, cadencioso, no sin un punto emotivo, cuando el periodista le pregunta qué conserva de su tierra natal: “El lenguaje y el paisaje. Lo poco que sé y con lo que me defendí me lo ha dado Cuenca. Ese idioma limpio como las piedras del río. Ese castellano que es historia, que es Castilla. El sitio de los maquis, los pastores, los resineros. Mi niñez dorada de cazador furtivo”.


viernes, 21 de abril de 2017

MINISTRO MENTIROSILLO


            Después de muchos años sin contar entre nosotros con tal figura, ahora ya tenemos en Cuenca ministro, alguien que se sienta en la mesa del Consejo donde se toman las grandes decisiones para administrar el país. Nos podía haber tocado un ministro de Fomento, o de Industria, o de Sanidad, alguien del que se pudieran esperar medidas e inversiones a favor de esta depauperada provincia. Pues no, nos toca el de Justicia y como estos son tiempos convulsos, haría falta una mente preclara y una voluntad de hierro para manejarse entre aguas tan turbulentas.
            En realidad, con la Constitución en la mano, la cosa debería ser fácil: división de poderes si cada uno fuera capaz de dedicarse a lo suyo y no interferir en las competencias de los demás. Pero al ministro de Justicia, Rafael Catalá, le pierde la verborrea incontenible, un afán inmoderado por explicar a cada momento qué está haciendo la Justicia, ofreciendo interpretaciones tan peregrinas que forman ya un buen catálogo de dislates.
            Eso sí: cada vez que habla, el ministro proclama que la administración de Justicia es autónoma y toma sus propias decisiones. Entonces al ministro se le pone la misma cara de mentirosillo que cuando de niños intentábamos engañar a nuestra madre o al maestro, ofreciendo justificaciones que se habían caído por su propio peso antes incluso de empezar a hablar.
            Como al señor Catalá se le van encadenando los escándalos unos tras otro, ayudado además por la torpeza de los responsables de la fiscalía, a los que con toda evidencia está manipulando, según cuentan un día sí y otro también los medios nacionales que siguen estos casos, no resulta disparatado imaginar que en cualquier momento alguien le va a organizar un escándalo parlamentario. Solo falta que Ciudadanos, el grupo que apoya al gobierno, se canse de tantos manejos incongruentes para pedir la cabeza del ministro Catalá. Que podría ahorrarse el disgusto si hiciera lo que debe hacer: callarse y dejar que la administración de Justicia actúe por su cuenta, de forma libre y autónoma.
            Por lo pronto, ya han pedido su inmediata comparecencia ante el Congreso, con la advertencia de que si sus explicaciones no son satisfactorias, pedirán su reprobación. O el diputado por Cuenca se endereza y aprende a estarse quieto o le espera un porvenir algo tormentoso.


martes, 18 de abril de 2017

LA ROLDANA Y SISANTE

            
         Los anglosajones han descubierto a La Roldana y, como siempre que sucede tal cosa, ahora el mundo entero se lanzará a participar de tan notable hallazgo. Lo cuenta Margot Molina en El País, ese periódico que antiguamente era el oráculo de todas las verdades y que algunos seguimos leyendo pese al disgusto que nos provocan muchas de sus páginas (en el fondo y en la forma). No es este el caso que hoy me ocupa. En resumidas cuentas: las obras de Luisa Roldán, sevillana de nacimiento, hija del escultor Pedro Roldán, se han convertido en objeto de deseo para templos del arte como el Metropolitan o la Hispanic Society, de Nueva York, el Victoria and Albert de Londres o el Museo Paul Getty, de Los Ángeles, y ello, como dice la autora del artículo, ha traído consigo una resurrección de la artista en su propio país, donde dormitaba en los amables almohadones del olvido.
            Hay un sitio en el que tal cosa no ha ocurrido. El nombre de La Roldana ha estado siempre muy vivo en el corazón de Sisante, cuyo convento de clarisas conserva un espectacular Nazareno que desde hace tres siglos es considerado una de las joyas del arte afincado en la provincia de Cuenca. Así lo reconoce también el historiador y conservador de la Hispanic Society, Patrick Lenaghan, en una conferencia pronunciada hace unos días en el museo del Prado, en la que destacó, entre los hallazgos de Luisa Roldán, esta impresionante escultura sisanteña.
            No está mal que se produzca esta reivindicación artística y tampoco que ello sirva para la puesta en valor tanto del nombre de Luisa Roldán como del convento que alberga la figura de su más conocido Nazareno.


domingo, 16 de abril de 2017

LUCES Y SOMBRAS EN LA SMR


Lo más importante y destacado de la 56 edición de la Semana de Música Religiosa es que ha podido celebrarse. Si retrocedemos las miradas un poco hacia atrás, apenas a lo que pasaba y se decía hace un mes, podemos decir, con satisfacción, que los agoreros, interesados unos, sinceros quizá otros, no han visto cumplirse sus profecías ni tampoco las zancadillas han surtido más efecto que algún revolcón a destiempo. Ni siquiera las previsibles angustias económicas derivadas del cuantioso déficit y deudas (son dos cosas diferentes) acumulados por la anterior dirección del festival han podido enturbiar el desarrollo de la Semana, entre otras cosas porque las administraciones, en este caso, además de molestarse unas a otras acudieron a solventar las cuestiones dinerarias a tiempo de que los conciertos y sus actividades paralelas pudieran ponerse en marcha.
La programación ha suscitado algunas controversias. Los detractores del nuevo director han sacado a relucir una amplia batería de críticas, entre las que hay algunas cargadas de razón. Por ejemplo, el fácil recurso a momentos espectaculares siempre propicios al éxito fácil, como el concierto del viernes santo con el Réquiem Alemán, de Brahms, oído tantas veces que algunos ya casi se lo saben de memoria, o el bellísimo Stabat Mater de Rossini, que siempre se agradece, como también han sido bien recibidas las propuestas selectivas, minoritarias (el violonchelo de Gaetano Nasillo, por ejemplo, en el Espacio Torner).
La gran apuesta de la nueva dirección es la Academia de la Semana de Música Religiosa, formada por una orquesta y un coro de marcada presencia juvenil y un desbordante entusiasmo en la interpretación. Tantos los conciertos como las actuaciones reducidas en otras iglesias han venido a demostrar que el invento tiene posibilidades aunque a la vista de experiencias anteriores son comprensibles las dudas que se plantean ante la efectiva viabilidad de la agrupación. Habrá que esperar a los anunciados conciertos próximos (junio, octubre y noviembre) para poder comprobar en qué queda realmente la experiencia
A los escépticos de primera hora, vinculados quién sabe por qué tipo de lazos afectivos con la anterior directora, les ha venido bien la inclusión en el programa de una propuesta tan discutible como la ofrecida el sábado con la sorprendente presencia en el escenario del Teatro-Auditorio del Cántico espiritual preparado por Amancio Prada y estrenado, como él mismo se encargó de recordar, hace nada menos que la friolera de 40 años. Recuperar ahora un montaje realmente obsoleto y fuera de lugar en el marco de la Semana de Música Religiosa, a pesar del potente acompañamiento del coro de RTVE, no parece que se pueda incluir entre los aciertos del nuevo programador de quien se puede temer, como dice el crítico Manuel Millán de las Heras, “que podría legitimar este tipo de ocurrencias en los años sucesivos”.
Más vale que no. Estos experimentos valen una vez y no más.
Con todo, admitiendo las circunstancias anómalas en que se ha desarrollado esta edición, empezando por la precipitada elección de Cristóbal Soler, el escaso tiempo disponible para prepararla y las dificultades que acompañaron sus primeros pasos, no hay más remedio (y es justo) que darle un margen de confianza y ahora, con un año de perspectiva por delante, esperar a ver cual es el planteamiento y desarrollo de la próximo edición.
De esta, como digo al comienzo, lo importante es que se ha podido celebrar. Y no ha sido poco.


viernes, 14 de abril de 2017

¿POR QUÉ GRATIS?


En Ciudad Real y Talavera de la Reina están haciendo palmas con las orejas porque, dicen, la Semana de Música Religiosa sale por primera vez en su historia de la capital conquense para llegar también a esas ciudades de nuestra Comunidad Autónoma. En la afirmación se  esconde un doble equívoco. Primero, no es cierto que la SMR salga de Cuenca por primera vez, porque ya en años anteriores hubo conciertos en otras localidades de la provincia de Cuenca. Y segundo, porque lo que sale de Cuenca no es la SMR sino la Orquesta y Coro de la Academia de la Semana de Música Religiosa, cosa bien diferente, aunque a vuela pluma y de prisa parezca que es lo mismo. A alguien (lo se de buena tinta) le interesa difundir la idea de la que la Semana ya no es una exclusiva de Cuenca sino de toda la región. Convendría dejarlo claro y las cosas en su sitio. La Semana de Música Religiosa de Cuenca se celebra en Cuenca y no en otros sitios.

Aparte estos matices, que no son baladíes, es un hecho digno de ser destacado que exista la Academia de la SMR, cuyo debut en el Teatro-Auditorio, el pasado martes santo, fue realmente un acontecimiento merecedor de todos los elogios posibles teniendo en cuenta diversos factores: el corto tiempo que ha habido para su formación y ensayos, la notable juventud de casi todos sus miembros, la enorme dificultad de la obra elegida. El resultado, ya lo digo, fue altamente satisfactorio.

Se trata de una ingeniosa aportación del nuevo director del festival, Cristóbal Soler, quien explicó en su momento algo que se ha dicho en repetidas ocasiones, sin llevarlo a cabo: “El panorama musical español exige que tomemos conciencia de la necesidad que los jóvenes músicos nacionales tengan un locus intermedio entre la finalización de su formación y el acceso al mundo laboral. Hoy día, la necesidad de experiencia previa y la falta de dicho locus dificulta su entrada en las grandes formaciones musicales. Pensamos que la instauración de una Academia asociada a la Semana de Música Religiosa puede ser un gran ejemplo y una gran oportunidad en este sentido”.

Esto, como he dicho antes, se ha intentado en bastantes ocasiones, pero recurriendo siempre a obras de repertorio (ya sabe: Beethoven, Mozart, Vivaldi y parecidos), asequibles siempre tanto para los jóvenes músicos como para el público.

En este caso, la diferencia es que la obra elegida viene a ser todo lo contrario.
Lazarus. Oder: die Feier der Auferstehung, es un drama religioso inacabado, de Franz Schubert, quien lo previó con tres actos o partes y solo llegó a componer algo menos de uno y medio. Quizá por ese concepto de ser obra incompleta o por su intrínseca dificultad, ha sido interpretado muy pocas veces y de hecho en Cuenca era una auténtica novedad. Lo han cantado seis jóvenes y sin embargo ya magníficos solistas: Marga Rodríguez, Mónica Campaña, Inés Ballesteros, José Luis Solá, José Manuel Guinot y Carlos Daza, todos, como se ve por los nombres, españoles, lo cual también es una novedad a destacar, porque no siendo yo nacionalista en cosas de arte y cultura sí cansa un poco esa especie de papanatismo que los programadores de élite muestran hacia cantantes extranjeros de nombres impronunciables cuya presencia y sobre todo sus voces, en bastantes ocasiones dejan mucho que desear. Y experiencias varias hemos tenido, incluida la Semana de Música Religiosa. Junto con los solistas, el coro, magnífico, perfectamente coordinado y no menos valioso el trabajo de la ejemplar orquesta, dirigida de manera nada estridente por José Sanchis. En resumen y sin querer competir con los críticos especializados, que de esto saben mucho, considero que la presentación de la Orquesta y Coro de la Academia de la SMR ha sido un gran acontecimiento que, para serlo del todo, debería estar marcado por la continuidad y permanencia y que, como también es habitual en el sistema informativo conquense, no ha sido resaltada como hubiera sido lógico y deseable..

Es esta agrupación orquestal y coral la que ha salido de Cuenca para hacer una pequeña gira por la región, visitando dos de las más importantes localidades de Castilla-La Mancha. Dos conciertos patrocinados por la Junta de Comunidades que ha cometido el error garrafal de ofrecerlos a estos públicos con entrada gratis. Esa es una forma de actuar siempre criticable, allí, aquí y en cualquier sitio. Responde al demagogo y erróneo concepto de que la cultura debe ser gratuita. Y, además, en este caso supone un agravio comparativo: ¿por qué es gratis en Ciudad Real el viernes y en Talavera el sábado cuando en Cuenca los precios eran de 30 y 25 euros?. Y, naturalmente, no estoy defendiendo la idea de que en Cuenca el concierto también debería haber sido gratuito, sino la contraria: todo el mundo debe pasar por taquilla.

Como es comprensible, de esto no tiene la culpa la Academia de la SMR sino esa inmoderada tendencia que algunos organismos públicos tienen hacia prácticas de populismo ramplón, pesando que eso se puede traducir en votos. Naturalmente, cuando llega la hora de votar, el personal piensa en otras cosas,
no en que un día, años atrás, fue a un concierto gratuito.



jueves, 13 de abril de 2017

RUTA BARROCO MUSICAL POR CUENCA



         He tenido la oportunidad de participar en una buena idea. La idea hubiera sigo igualmente buena aún sin contar conmigo, pero como me invitaron a formar parte de ella, lo digo. La invención se llama “Ruta Barroca” y lleva un subtítulo explicativo: “Música y Arquitectura”. Es uno de los actos paralelos inscritos en el programa de la Semana de Música Religiosa, que este año cumple su edición número 56 y que se está desarrollando con toda normalidad, a pesar de los agoreros que preveían los males del infierno a causa de las dificultades surgidas en la transición entre el grupo directivo cesado y el que ha llegado nuevo.
         La idea consiste en recorrer una serie de iglesias marcadas por el periodo barroco y singularmente por la activísima presencia del gran José Martín de Aldehuela. La ruta barroca, gratuita para los asistentes, dicho sea de paso, se inició el miércoles en la iglesia de la Virgen de la Luz, continuó con la capilla del Hospital de Santiago (donde hice yo la oportuna explicación) y concluyó ese día en la iglesia del monasterio de la Concepción franciscana, en la Puerta de Valencia. En cada caso había una intervención sobre las características históricas y artísticas del edificio elegido y un breve concierto con obras de Haendel, los dos primeros con intervenciones vocales y el último exclusivamente musical. Por cierto, las tres interpretaciones, magníficas.


         Un amistoso grupo formado por unas cincuenta personas participó animosamente en la excursión urbana, caminando por las calles de Cuenca de edificio en edificio, una experiencia que considero ha sido del máximo interés. En el grupo había por lo menos tres ciudadanos de Cuenca, cifra considerable si tenemos en cuenta la apretada agenda que los conquenses tenemos esos días, entre procesiones, preparativos para las procesiones, visita a las terrazas de los bares, paseos por los centros comerciales y otras actividades similares. Que tres personas tengan interés por visitar los edificios monumentales de su ciudad es verdaderamente un caso muy meritorio.
         (La foto primera corresponde a la pequeña pero hermosísima iglesia del Hospital de Santiago. La segunda, de Santiago Torralba, al grupo de músicos que actuó en el concierto).


DIAS FESTIVOS EN CUENCA


En Cuenca del Ecuador están de fiesta esta semana. Al ritmo de la 'Chola Cuencana' y el 'Por eso te quiero Cuenca', 14 comparsas de las empresas públicas municipales, entes adscritos y fundaciones pusieron la noche del lunes la nota festiva con la que arranca la celebración por los 460 años de fundación de la ciudad, suceso, como es sabido, promovido por la iniciativa del virrey Andrés Hurtado de Mendoza, nacido en la otra Cuenca, la de España, que entre sus características más acusadas (y tiene docenas, a cual peor) figura la de haber olvidado por completo a aquella Cuenca ecuatoriana nacida al otro lado del mar.
        El desfile, según cuentan los digitales cuencanos, ofrecía diversas escenificaciones históricas, con alusiones a leyendas y tradiciones. En el eje de la celebración, la reina del festejo, Doménica Cordero.
La familia Vanegas presentó una comparsa de la Cuenca Prehispánica, colonial y actual. Las cholas cuencanas gigantes que ya son tradicionales también recorrieron la avenida Loja, acompañadas por zanqueros y jóvenes de batucada con espectáculo de fuego. La guardia ciudadana presentó su espectáculo sincronizado de motociclistas.
En otro lugar se nos cuenta que la empresa EMAC recreó la Plaza de las flores, con cholas que repartían flores, vendedores de espumilla y las comerciantes de flores. Mientras, la banda de la Guardia Ciudadana se instaló en la plaza de San Roque y el público bailaba a su alrededor.
La mañana de este martes el desfile fue de la Morlaquía, en donde desfilaron colegios como el Abdón Calderón, Benigno Malo y los estudiantes de la Universidad Católica de Cuenca y sus entidades adscritas.
Doménica Cordero, Morlaquita 2017 cerró el desfile en su tradicional carroza adornada de flores. "Mi ciudad tiene mucho que enseñar, su gente es inteligente, hábil y amable, y sus paisajes son de los mejores", dijo la joven quinceañera, quien invitó a visitar esta ciudad en el tiempo feriado.
A mí, la verdad, todo esto, y especialmente el sencillo y amable relato del desarrollo de la fiesta ecuatoriana, me produce un profundo sentimiento de melancolía. Porque, ¿qué celebran tan alegre y vistosamente los habitantes de Cuenca del Ecuador? Pues que el 12 de abril de 1557 un conquense llamado Andrés Hurtado de Mendoza decidió fundar aquella ciudad y ellos no olvidan una fecha tan señalada. ¿Y en esa otra Cuenca, la de España, que da nombre a aquella? ¿Alguien festeja o celebra algo? Pues, sí, hombre, con la ocupación que genera la Semana Santa vamos a estar pendientes de cuestiones tan simples…
Y si alguien tiene curiosidad, puede entrar en las varias páginas digitales que informan de los festejos que hay esta semana y luego los compara con el programa de las fiestas de san Julián y quedará, por lo menos, apesadumbrado.
No hay más que verlo.

viernes, 7 de abril de 2017

IMÁGENES DE CARLOS ALBENDEA


Durante toda su vida, y más aún en los últimos años, Carlos Albendea ha estado siempre haciendo bromas con su progresivo acercamiento a la muerte, buscando en los demás el natural estímulo sobre lo bien que se conservaba, pese al envejecimiento, algo que ya iba resultando difícil de decir (y más aún, de creer) porque el deterioro físico era evidente. En octubre pasado cumplió 92 años y no ha podido hacer realidad el sueño de llegar a los cien. Uno de estos días pasados, no se exactamente cual (los periódicos conquenses, en papel o digitales, ya no siguen el rastro de los fallecimientos y así es difícil llevar el cómputo de las pérdidas), la vida de Carlos Albendea se apagó silenciosamente, según me dice, sentado en una silla, sin protestar ni quejarse.

Hay un perfil del personaje que lo vincula a la secretaría administrativa de la Escuela de Magisterio, en su antigua sede de la calle Astrana Marín, donde el terror de los alumnos por su forma rigurosa de aplicar a todo el mundo los rigores de la burocracia en forma de papeles, sellos, pólizas, certificados y demás invenciones propias del caso, rigor que se atemperaba de manera muy notable si quien había al otro del mostrador tenía unos ojos sugerentes, una mirada pícara o unas piernas bien torneadas, que él admiraba, piropeaba y lisonjeaba al hispánico modo, no sin algo de picardía verbal.

Y hay otro perfil, el que yo quiero destacar aquí, entre otros motivos porque es el que el me hizo relacionarme más directamente con él, el fotógrafo innovador, el que tenía en las manos las cámaras más avanzadas y los objetivos más audaces, siempre a la búsqueda del rincón conquense más original o del detalle artístico de mayor significación y detalle. Nadie como él fotografió la catedral, por cuyos rincones y capillas tenía bula para campar libremente mientras que sus imágenes espectaculares, sobre todo las que hacía con el objetivo ojo de pez, el único entonces existente en el gremio de fotógrafos locales, como esta que forma parte de mi colección particular y que aquí acompaño para recordatorio de los antiguos y conocimiento de los jóvenes.


Un día, Carlos Albendea colgó las cámaras. Por más que se lo pregunté, no hubo manera de conseguir una explicación convincente. Me he cansado, la fotografía ya me aburre, decía como monocorde respuesta. Hace unos años casi conseguí convencerlo de que sacara todos los negativos y recuperara algunas imágenes para hacer una exposición suficiente como para volver a revitalizar su trabajo de tanto tiempo. Casi lo conseguí pero no fue posible. El leve entusiasmo que pareció mostrar se evaporó rápidamente y ya no hubo posibilidad alguna. Ni siquiera me quiso explicar en detalle qué había sido de su archivo personal. Espero que quien lo haya heredado lo trate con el necesario y respetuoso cuidado, el mismo que, creo yo, merece el recordatorio del amable cascarrabias que fue Carlos Albendea.

viernes, 31 de marzo de 2017

JARDÍN DE PIEDRA


Hace unos meses me hice eco aquí, en un comentario, del despiste producido en el texto de la placa situada a la entrada del renovado Jardín de los Poetas, donde se reproduce el famoso soneto de Federico Muelas dedicado a Cuenca, suceso que también fue comentado en otros foros.
Hoy vuelvo sobre el asunto, pero para decir lo contrario, o sea, que el tonto error cometido entonces ya ha sido subsanado de la única manera posible: borrando la palabra incorrecta y poniendo su lugar el “limpia” que el poeta quiso escribir y escribió.
Coincidiendo con esa corrección se ha llevado a cabo la apertura, al fin, después de tantos años, de lo que queda de la iglesia de San Gil (bien poco, por cierto), rebautizada, precisamente por inspiración de Muelas, como Jardín de los Poetas, asunto que no se libró de las naturales bromas de pueblo tan humorista como el nuestro, porque quien más quien menos buscaba el jardín por algún lado. Difícil de encontrar, claro, donde no hay ni una maceta.
Tampoco se libro de la ironía ciudadana el alcalde de Cuenca que, al celebrar la reapertura, se congratuló de que la ciudad pudiera volver a disponer de “uno de los rincones más bonitos de Castilla-La Mancha y de España”, declaración de patriotismo localista que suscitó la natural rechifla en las redes sociales.
Por mi parte no diré nada sobre el resultado de la intervención, porque no es ese el tema de hoy. Con la recuperación del verso sobre Cuenca ya tenemos bastante.


jueves, 30 de marzo de 2017

LA ESCULTURA CAÍDA


            No es precisamente Cuenca una ciudad en que se haya cuidado mucho eso que técnicamente se denomina estatuaria urbana o sea, la dotación de esculturas con que se procura adornar, enriquecer, embellecer (o cualquier otro sinónimo parecido) la por lo general fría dotación urbanística (tráfico, contenedores, asfalto, aceras rotas, gentes con prisa) de una ciudad. No las hay en número ni tampoco en calidad u originalidad. Están, por un lado, las clásicas de Marco Pérez en el parque de San Julián o de Leonardo Martínez Bueno, en la plaza de san Nicolás y la República Argentina; la deliciosa virgencilla de Fausto Culebras en la calle Madre de Dios y poco más, más otras cuantas, muy pocas, modernas, incluyendo el monumento a la Constitución, de Gustavo Torner y las que van aportando las cofradías nazarenas.
            En ese escaso repertorio había una (y es triste escribir en pasado) que me pareció siempre especialmente original y con unas líneas bellísimas, una suerte de ondulaciones entrelazadas, suavemente apoyadas entre sí, que daban forma a una estructura metálica sutil y delicada, cuyos perfiles delineaban una figura espiritual ante los fríos bloques de vulgar arquitectura. Un toque de delicadeza, en la áspera rotonda de acceso a la urbanización construida en la antigua Resinera desde la calle Antonio Maura. Allí la puso el Ayuntamiento que, además, tuvo el detalle de identificarla (cosa que, por cierto, no ocurre con las demás), dando fe de quien había sido su autor: Jesús Molina.
            Diré algo de él, ya que estamos. Jesús Molina (Cuenca, 1949 / Madrid, 2010) alcanzó en vida una relativa fama, situando obras en espacios urbanos, como el
Homenaje a Lisstzky del Puente de Ventas, Los Paseantes en Vallecas y el homenaje a las víctimas de Mauthausen-Gusen en la Ciudad Universitaria, de Madrid. Hay obras suyas en el Museo de Cuenca, en el de Alcalá de Henare, en la sede de la UIMP también en Cuenca y en otros espacios urbanos de diferentes ciudades. Como se puede ver por las fechas de su cronología, murió joven y eso interrumpió una obra prometedora.     
            Hace unos días, el 18 de marzo, la escultura de la Resinera se cayó por, según los técnicos municipales, encontrarse la base en mal estado por el desgaste de los materiales, descartando que fuera derribada en un acto vandálico como inicialmente se llegó a pensar. El Ayuntamiento ha retirado la escultura y la ha guardado en los almacenes municipales donde permanecerá ad calendas graecas, mientras se estudia a partir de este momento la forma de reparar la obra y volverla a montar, un trabajo que, dicen, presenta la dificultad al no poder contar con la ayuda del artista.
            Es cierto que hubiera sido mucho mejor que Jesús Molina estuviera vivo para rehacer el montaje de su trabajo aunque hubiera sido mejor aún que la escultura no se cayera, pero una vez que la cosa ha sucedido tampoco debería haber especiales dificultades en rehacerlas y unas manos diestras seguro que lo harían bien, teniendo a la vista las fotos del original.
            En todo caso, ahí queda, sin más comentarios hirientes (qué ciudad, a la que se le caen las esculturas), la que fue escultura de Jesús Molina, arriba tal como estaba y abajo tal como ha quedado después de la caída..




miércoles, 29 de marzo de 2017

COMPAÑEROS DE CAMA



Aunque algunos comentaristas de orientación marxista pretenden atribuir a Groucho Marx la frase “La política hace extraños compañeros de cama”, lo que realmente dijo este impagable Marx fue: “No es la política la que crea extraños compañeros de cama, sino el matrimonio”. Aquella otra frase, la que figura en el título de este comentario, se debe a otro memorable humorista de nuestro tiempo, Winston Churchill quien, con su habitual cinismo irónico dijo, en buen inglés: “Politics makes strange bedfellows”, o sea, lo ya sabido y escrito al inicio: “La política hace extraños compañeros de cama”, frase que entre nosotros popularizó Manuel Fraga Iribarna, al comienzo de la democracia, para explicar (y quizá justificar) algunos cambalaches que se estaban gestando.
No soy nada original al recurrir a esa frase, ya tópica, para resumir el sorprendente emparejamiento producido entre el Partido Popular y Podemos, que es como intentar mezclar agua y aceite, animados ambos por el encomiable afán de llevar la contraria al PSOE y de esa forma contribuir a desmantelar el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha, situado en Cuenca, y de paso arrastrar a otras iniciativas y actividades menores pero también pendientes de financiación por parte de la fundación Impulsa, que se encarga de canalizar los dineros regionales encaminados hacia la cultura.

Lo curioso es que, en el fondo, probablemente ambos grupos opositores llevan razón porque lo que late en la iniciativa que han emprendido es la voluntad de que la Junta de Comunidades renuncie a la disparata política de externalizar servicios en vez de gestionarlos por sí misma. Como sabemos, eso viene ocurriendo en todas las administraciones públicas desde que en este país se consagró la falacia de que, a través de fundaciones, las cosas se gestionan mejor y es más barato, mentiras cochinas las dos cosas, como ahora se está comprobando, lo que anima a los mismos profetas de entonces a retroceder de aquellos planteamientos para volver a recuperar para la administración las competencias de las que se habían desprendido.

Eso es lícito y comprensible. Naturalmente extraña que el PP, cuatro años gobernando la región, no se planteara entonces llevar a cabo esa recuperación de competencias culturales y lo haga ahora, de manera impulsiva, cuando está en la oposición. De Podemos no sorprende nada: cualquier cosa es posible en su errático deambular por los vericuetos de la democracia y aún veremos cosas mayores.

Lo inadecuado e impresentable es que esta actuación se haya hecho de forma ejecutiva, ahora mismo y ya, desmantelando el Museo de las Ciencias y poniendo en riesgo de desaparición otras actividades. Lo razonable y democrático hubiera sido promover un cambio de tendencia, anular de manera paulatina la fundación Impulsa y trasladar a la consejería de Cultura las competencias y el dinero. No ha sido ese el camino sino que, además, y de forma absolutamente insensata, se suprime la partida destinada a financiar el Museo para llevar a potenciar la estructura deportiva de Talavera de la Reina. Nunca ha sido buena política vestir a un santo desnudando a otro y quienes hacen eso (PP y Podemos)  demuestran muy poca habilidad política.


Por cierto: maravillosa y ejemplarizante la forma dócil y rastrera en que los conquenses miembros de ambos partidos siguen las directrices de sus respectivas cúpulas. No importa que Cuenca salga perdiendo. Lo importante es lamer el culo a sus líderes, hagan lo que hagan, para así seguir mejor conservando el sillón y el coche oficial.

UN DIA MUNDIAL PARA EL TEATRO


Desde el año 1961 se celebra en todas partes el Día Mundial del Teatro, el 27 de marzo. En los sitios en que hay teatro, o sea, un edificio apto para llevar a cabo representaciones teatrales, ese día se celebra de la forma más natural y apropiada: con una actuación del tipo que sea, comedia o drama, infantil o de títeres, monólogo o montaje espectacular, acto que se complementa con la lectura previa de un manifiesto elaborado por el organismo que coordina estas actividades (el Instituto Internacional de Teatro) y que lee, en el escenario, dirigiéndose al público, uno de los actores que interviene en la representación. Se bien cómo funciona esa ceremonia porque durante mi gestión como director del Teatro-Auditorio de Cuenca mantuve el ritual y era, siempre, un momento muy emocionante, tanto para los actores como para el público. Este año, el mensaje lo ha escrito la actriz Isabelle Huppert (magnífica siempre, impresionante en su última película, Elle, de Paul Verhoeven).

En Cuenca, este año, no ha habido celebración especial ni de ningún tipo para unirse a la fiesta del teatro mundial. Ese día el Teatro-Auditorio estuvo ocupado por un concierto de marchas procesionales, actividad sin duda del máximo interés social y cultural, que hace felices a muchos ciudadanos. Mejor para ellos.
Los aficionados al teatro nos quedamos sin motivo especial que celebrar. En ausencia de tal cosa, me he entretenido en leer por mi cuenta el mensaje escrito por la gran Isabelle Huppert, cargado de conocimiento y de emotividad. De él extraigo este fragmento:
“Al pensar en este mensaje que tengo el honor de que me hayan pedido que escriba, he recordado todos los sueños de estas escenas. Por eso puedo decir que no he venido a esta sala de la UNESCO yo sola. Todos los personajes que he interpretado en escena me acompañan. Personajes que parecieron irse cuando caía el telón, pero que han cavado una vida subterránea en mí, dispuestos a ayudar o destruir a los personajes que les sucedieron. Fedra, Araminte, Orlando, Hedda Gabbler, Medea, Merteuil, Blanche Dubois.
Me acompañan también todos los personajes que he adorado y aplaudido como espectadora. Y por eso es por lo que pertenezco al mundo. Soy griega, africana, siria, veneciana, rusa, brasileña, persa, romana, japonesa, marsellesa, neoyorkina, filipina, argentina, noruega, coreana, alemana, austriaca, inglesa, realmente del mundo entero. Esa es la auténtica globalización”.

Lástima no haber podido oír estas palabras en escena, leídas por un actor.

domingo, 19 de marzo de 2017

HACIA LAS NUEVAS CASAS COLGADAS



            Parece que van a terminar las desventuras de las Casas Colgadas. Detrás quedan los últimos episodios, protagonizados por quienes fueron y aspiraban a ser los concesionarios del Mesón; los anteriores salieron de mala manera y quienes aspiraban a entrar no pudieron hacerlo por clara y abierta discrepancia en un punto concreto: quién debía asumir el gasto de la amplísima reparación que necesitaba la instalación. El adjudicatario, Manolo de la Ossa, pretendía que lo hiciera el Ayuntamiento y éste justo lo contrario. Como no hubo acuerdo, rescisión de contrato al canto y así nos quedamos sin restaurante en el edificio más simbólico de la ciudad.
            Como si aquello no hubiera pasado nunca, forma política de actuar que ya es seña de identidad en el Ayuntamiento conquense, ahora se prepara un proyecto, se buscan los dineros (que pondrá el Consorcio, como es habitual) y sale adelante la reparación del Mesón, aquella que no se quiso hacer y que ahora es viable y posible.
            El nuevo proyecto sorprende por su planteamiento, verdaderamente ambicioso, que va a suponer un cambio total en lo que habíamos conocido hasta ahora e incluso en lo que podría esperarse. Se estructura mediante un vestíbulo que se quiere amplio y amable, vinculado al espacio inmediato, el del Museo de Arte Abstracto; donde ahora están los aseos, se transforma en bodega no solo para almacenamiento de botellas sino para la realización de catas específicas; la que fue cafetería en la planta primera será el comedor principal, aprovechando las magníficas vistas que se ofrecen sobre la Hoz del Huécar; en la planta inferior se mantiene un comedor privado; en los antiguos espacios de la cocina habrá otro comedor, desde el que también se contemplará la hoz además de seguir las evoluciones de los cocineros; por último, en la planta segunda, donde ahora hay una vivienda usada como almacén, se llevará a cabo uno de los cambios más notables, al habilitar otro comedor, llamado la Sala Blanca.

            Lo dicho: un cambio tal que no va a conocer las Casas Colgadas por dentro ni los arquitectos y albañiles que la parieron. Luego vendrá, otra vez, la madre del cordero: quién se hace cargo de la gestión. A la vista de las experiencias ya producidas, podemos si no echarnos a temblar, sí por lo menos a sentir algo parecido a la inquietud.

sábado, 18 de marzo de 2017

UN LAZARILLO ¿CONQUENSE?


            Uno de los problemas históricos y científicos más notables de la Literatura y del Arte es intentar desvelar, cosa nada fácil, quien se puede ocultar tras la extendida figura anónima que firma (es un decir) una ingente cantidad de textos y de cuadros. Entre esos ignotos autores, siempre ha atraído considerablemente la atención el misterioso inventor de la gran figura del Lazarillo de Tormes, a cuyo alrededor se han gestado multitud de teorías, ninguna confirmada. Hasta que Rosa Navarro ha tomado el toro por los cuernos y, con una osadía digna de ser valorada, publica una nueva edición de la obra situando en el frontispicio, sin ambages, el nombre de Alfonso de Valdés. Se trata de un empeño singular, que ya ha cubierto varias etapas editoriales, incluida una edición de la Diputación de Cuenca y que ahora recibe un nuevo refrendo, en Alianza Editorial (Alfonso de Valdés, La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades. Edición, introducción y notas de Rosa Navarro Durán; 334 pp-).
            El Lazarillo de Tormes fue publicado en 1554 en tres ediciones casi simultáneas (Burgos, Amberes y Alcalá de Henares), lo que justifica la teoría de que muy posiblemente existió una anterior, de un año o dos antes, hoy perdida, y cuyo imaginable éxito animó a los editores a volverla a imprimir, como seguiría sucediendo a lo largo del siglo y aún hasta nuestros días. Desde entonces, los estudiosos e investigadores han intentado atribuir la obra a numerosos autores, incluidos los hermanos Valdés, Juan y Alfonso y el también conquense, el erasmista Juan de Maldonado.
            La “candidatura” de Alfonso de Valdés fue reactivada ya hace años por Rosa Navarro Durán, profesora en la Universidad de Barcelona, especialista en la literatura española de la Edad de Oro periodo sobre el que ha publicado numerosos estudios y ediciones, de manera que no es una temeraria especuladora capaz de llegar a las más disparatadas invenciones. La tesis de Rosa Navarro no suscitó ningún entusiasmo en los círculos de expertos en la materia e incluso fue abiertamente criticada por el gran especialista español en el Lazarillo, el académico Francisco Rico, de quien recibió un expresivo varapalo por la vía más directa y humillante: el silencio, que en este caso es señal de desprecio. En 2012, Rico publicó su tercera edición de la obra (Barcelona, Galaxia Gutenberg/Real Academia Española), enriqueciendo la primera de 1967 y la posterior, pero sin hacerse el menor eco de lo que había escrito Rosa Navarro, como si tal cosa no hubiera ocurrido nunca.
            Pero, inasequible al desaliento y firme en sus convicciones, Rosa Navarro insiste y pone ahora en el mercado literario otra vez el Lazarillo, con el nombre de Alfonso de Valdés encabezando la portada, sólo que esta nueva edición lleva el sello de Alianza Editorial y me digo para mí que en esta firma no son precisamente tontos sino que cuentan con destacados especialistas, de forma que si han aceptado la responsabilidad de tal edición es que han debido considerar como viable la tesis de la editora. A lo mejor resulta que es verdad; a lo mejor resulta que los escépticos son los equivocados y que estamos en condiciones de afirmar que Alfonso de Valdés es el verdadero y único autor del gran Lazarillo.
            Por lo pronto, los técnicos en la materia no solo se muestran escépticos, sino alguno también muy severo, como Arturo Rodríguez López-Abadía, profesor en la Universidad Católica de Lovaina quien, en una reseña extraordinariamente prolija en una revista especializada, tras desmenuzar el trabajo como si fuera una autopsia literaria, termina diciendo:
A modo de conclusión, Navarro crea conjeturas ad hoc apoyadas en una selección sesgada de datos que oculta aquéllos que contradicen sus propuestas. Estos hechos son contrarios al método científico, que establece que las hipótesis han de ser contrastadas con todo el corpus de datos disponible, y si la hipótesis no concuerda, buscar una alternativa que sí lo haga. En el caso de Navarro, asume que la propuesta conjetural es verídica y escoge los datos que la apoyan, ocultando los que le son contrarios. Por lo que respecta a la fijación textual, ésta es deficiente al no haber usado una cantidad suficiente de ediciones, ni haber tenido en cuenta las propuestas de stemma de Caso, Ruffinatto y López-Vázquez. Por último, si se asume que hay un Valdés oculto en el título, el candidato más firme sería Gonzalo Fernández de Oviedo alias de Valdés, y no Alfonso de Valdés”.

Con lo que yo creo que la tesis de Rosa Navarro sigue estando muy tomada con alfileres sin que estemos en condiciones de lanzar al vuelo las campanas

viernes, 17 de marzo de 2017

FUGACIDAD DE UNA LLAMARADA


            Michael Ignatieff dijo un día: “Voy a ser un político diferente. Voy a cambiar las reglas”. Había nacido en Toronto en 1947 y antes de cumplir los 60 años, en 2006, puso manos a la obra de intentar producir un cambio sustancial en la forma de hacer política en su país, la misma vigente en todos los de occidente y buena parte del resto del mundo. Para llevar a cabo su propósito, Ignatieff emprendió una campaña renovadora, cercana a los electores, yendo de puerta en puerta, prometiendo que haría cosas inimaginables pero que estaban muy dentro de la imaginación de quienes deberían votarle. Lo consiguió y obtuvo un escaño en el parlamento canadiense. Le duró una legislatura. En la siguiente fue borrado por la maquinaria partidista, tras haberse estrellado estrepitosamente en su actividad política. Todo ello lo cuenta en un libro muy recomendable, como aviso a navegantes: Fuego y cenizas. Éxito y fracaso en política, Idealismo y vanidad, hasta caer en las manos de los profesionales del aparato, allí donde reinan los fontaneros de cada partido, los que no dan nunca la cara (o la dan poco) los que no aspiran al lustre de la fama, los que, al fin, tienen la sartén por el mango.
            Michael Ignatieff es un escritor y profesor y, ya, expolítico canadiense. Fue líder del Partido Liberal de Canadá, en la oposición entre 2008 y 2011, hasta que en las elecciones de este último años no solo fue personalmente derrotado, perdiendo su escaño, sino que consiguió el peor resultad de la historia del Partido Liberal, con solo 34 actas, pasando a ocupar el tercer lugar entre los partidos y dejando así de ser la oposición al gobierno. Tras eso dimitió y abandonó la política.
            Aviso y lección para navegantes. Su experiencia queda en este libro sorprendente, que se puede leer como una novela. Aunque hay serias dudas de que los políticos de por acá inviertan parte de su tiempo en leer, entretenidos como están con las tertulias y los micrófonos a pie de calle.


jueves, 16 de marzo de 2017

MEMORIA COLECTIVA DE CUENCA



            La fotografía está de moda. Recuperar fotografías antiguas está doblemente de moda. Hay una denodada afición por conseguir ver, tener, difundir, imágenes de un tiempo que, pese a ser reciente (apenas unas decenas de años) nos ofrecen un pasado insólitamente diferente a la época actual.
            La Biblioteca Municipal de Cuenca, situada en el Centro Cultural Aguirre, se ha propuesto recuperar la mayor parte posible de ese ingente contenido visual poblado por calles, edificios, costumbres, fiestas, actos públicos, imágenes personales, recuerdos íntimos, para formar la Memoria colectiva de esta ciudad.
            Son cientos de fotos, miles de fotos, que están siendo clasificadas ordenadamente para ofrecer un panorama global que se puede ir enriqueciendo día a día con las fotografías que cada cual quiera aportar y también con los testimonios personales que ayuden a elaborar esa visión conjunta, no académica, pero sí directa, íntima.
            Ahí está la página: http://memoriadecuenca.wordpres.com

            Es muy interesante visitarla de vez en cuenca y aportar algo, si se puede.