martes, 10 de enero de 2017

MANOLO DE LA OSA EN MADRID



Un día, hablando con Manolo de la Osa, al final de una conversación cara al público sobre temas diversos en la que estuvo presente, muy presente, su intento de abrir un restaurante en las Casas Colgadas, me dijo, alterando un poco su voz generalmente optimista: “Qué dura es Cuenca, qué difíciles son las cosas aquí”. Asentí, sin ofrecer más datos, porque cada cual lleva por dentro las experiencias acumuladas durante años, pero comprensivo hacia lo que el gran restaurador debía sentir interiormente, cuando preveía ya lo que parecía inminente: su segundo fracaso en el intento de abrir ese restaurante emblemático en el también emblemático edificio que singulariza a Cuenca.
Hay que añadir, además y de paso, que ese fracaso fue sonoramente recibido en la ciudad y en especial en los círculos profesionales en que se mueve el aspirante a abrir un restaurante que, con un poco de suerte y un mucho de gracia, se convertiría pronto en el gran referente de la gastronomía conquense. De manera que cuando se cumplieron las perspectivas y, en efecto, Manolo de la Osa no pudo abrir el restaurante, estoy seguro de que mucha gente, quizá muchísima, respiró aliviada. Era la segunda vez que lo intentaba. Tuvo la adjudicación del mesón en una ocasión anterior y también tuvo que renunciar a gestionarlo, como ahora. Y a ello hay que añadir otro tropezón, aunque por distintas circunstancias, en el llamado Ars Natura, que al quebrar se llevó con él el restaurante, que funcionó a espaldas de la sociedad conquense y pudo mantenerse con quienes desde fuera venían en peregrinación a Cuenca para darse allí un festín gastronómico, no en cantidad, sino en calidad, en fantasía, en creatividad.
De manera que Manolo de la Osa abandonó Cuenca sin haber logrado su propósito de dar forma aquí, en esta ciudad tan dura, tan difícil, a un restaurante singular, distinto a todo lo que hay, diferente a lo que podemos encontrar habitualmente. Volvió al lugar en que empezó, Las Rejas, en Las Pedroñeras, y desde allí ahora ha dado el salto, por encima de las Casas Colgadas, para aterrizar en Madrid, donde ha sido clamorosamente recibido. El crítico José Carlos Capel lo ha escrito a toda página en El País Viajero: “Adunia, vuelve el gran Manolo de la Osa”, al que califica, ya en el texto, de “uno de los cocineros españoles más brillantes” aunque apunta, y es verdad, su inconstancia, que le ha llevado a dar algunos bandazos, en los que ha tenido mucho que ver ese empeño suyo por estar en Cuenca, lo que le ha hecho perder tiempo, energías y, quizá (eso no lo se) algo de dinero.
Pero ahora está en Madrid, en la calle General Pardiñas, en un local bautizado como Adunia, en el que bien puede recrear el milagro que consiguió en Las Pedroñeras: “Con un paladar excepcional, a la altura de sus conocimientos técnicos, transformó en platos de alta cocina recetas tradicionales manchegas con el ajo, el azafrán y el bacalao en calidad de productos fetiche”. Ahora, y sigo piando a Capel, “De la Osa acaba de iniciar una nueva trayectoria dispuesto a revivir su segunda juventud con parte de las recetas que le hicieron famoso. En un local escalonado a dos alturas ofrece diferentes especialidades, tapas y raciones en la planta alta y platos más formales en el semisótano”.
Yo me alegro, sinceramente, de que Manolo de la Osa haya reaparecido y me alegraré mucho más si supera sus propias dificultades de carácter y consigue asentarse en ese Madrid tan plagado de buenas referencias gastronómicas a las que ahora se une la de este conquense singular, que no tuvo suerte en la capital de su provincia.


OTRO DIARIO DIGITAL


El nuevo año, del que apenas si ha transcurrido ya una semana y pico, se estrena con la aparición en la red de un nuevo digital que, para evitar confusiones o mal entendidos, ha escogido un título bien sencillo y directo: El Diario Conquense. Con ello, el panorama se enriquece en cuanto al número de opciones disponibles, mientras la prensa escrita languidece con solo dos semanarios que hacen lo que pueden y no es poco mantener el tipo y cubrir un pequeño espacio en los quioscos, a la espera de que lleguen esos ansiados lectores, cada vez más en franca retirada.
El Diario Conquense ha nacido este lunes, día 9, para hacer compañía a un hermano anterior dedicado exclusivamente al deporte, aunque la tendencia les ha jugado una mala pasada y este nuevo diario de información general tiene tanto deporte que casi parece el otro. Pero no es mi intención en este breve comentario emitir opiniones críticas o juicios de valor. Recordando una antigua costumbre, cuando en el mundo del periodismo había algo llamado elegancia, buena educación y formas correctas, lo suyo hoy es darle la bienvenida.
Y esperar que encuentre pronto un camino bien definido. Si hay algo que caracteriza a los digitales es su absoluta dependencia de los gabinetes oficiales de prensa de las instituciones, con lo que todos repiten miméticamente las mismas cosas, incluso sin tomarse la mínima molestia de cambiar un poco la redacción. Por supuesto, no cabe tampoco esperar de ellos ningún espíritu crítico. Ese es el gran pecado de la prensa digital en Cuenca y sería deseable que todos, este también, pudieran superar esos mecanismos de autocontrol para entrar descaradamente en el territorio de la libertad.
Lo dicho: buena suerte y un largo futuro.

lunes, 9 de enero de 2017

UN CONQUENSE EN EL NADAL


Gracias a Carmen Bachiller, que lo ha publicado simultáneamente en Eldiario.es y en Las Noticias de Cuenca, me entero (nos enteramos todos) de que un conquense, hasta ahora inédito en el mundo de las letras, acaba de ser uno de los seis finalistas del premio Nadal, fallado en Barcelona en vísperas del día de Reyes. Cierto que él mismo sabía que no lo podía ganar, porque con esa misma novela había obtenido hace un mes el premio “Felipe Trigo”, organizado por la Junta de Extremadura con una dotación de 20.000 euros y las bases del Nadal incluyen taxativamente la prohibición de premiar un texto ya premiado anteriormente.

Roberto Osa López vive en Madrid pero nació en El Pedernoso (Cuenca) hace 35 años. Su obra "Morderás el polvo" transcurre en apenas día y medio. Narra el viaje de una mujer, embarazada, desde Madrid hasta un pequeño pueblo de La Mancha. "Es el reencuentro con un padre con el que no se lleva bien desde hace mucho tiempo. Una historia tosca, un poco truculenta y violenta entre ambos y un encuentro a cara de perro", dice el propio autor. Ambientada en el mundo rural contemporáneo es un relato "intenso" contado en primera persona por la protagonista. "Fue un gran esfuerzo entrar en la geografía mental de una mujer embarazada. Mi mujer que lo estaba cuando escribí el primer borrador fue de gran ayuda".

Realizador de TV y guionista, marcho a Madrid cuando tenía 18 años para estudiar Comunicación Audiovisual y en la capital de España ha desarrollado su labor profesional, vinculada a espacios informativos, deportes y entretenimiento además de haber realizado algunos cortos cinematográficos. Ahora ha dado el salto al mundo literario y si el inicio ha sido tan satisfactorio como aquí estoy diciendo cabe esperar que en un futuro próximo termine la sequía conquense en el ámbito de la narración, que tan escasos nombres ha dado al territorio de las letras.


viernes, 6 de enero de 2017

EL MALTRATADO QUIOSCO DEL PARQUE



         Cierto sector de la vida ciudadana, incluidos algunos ilustres regidores municipales, se vienen mostrando proclives a poner las manos y los dineros públicos en el inútil Bosque de Acero, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, o sea, que pueden llegar dineros de Europa y en vez de utilizarlos en cosas prácticas y asequibles parece mejor seguir despilfarrándolo en sandeces sin fuste ni fundamento. Como dice una persona a la que respeto, lo peor que le puede pasar a un Ayuntamiento es tener dinero y si es abundante, peor todavía.
            En vez de andar jugueteando con esas elucubraciones fantasiosas, sería más útil, digo yo, poner los pies en la tierra y, por ejemplo, invertir cuatro perras en pintar la rayas de las calles, sobre todo las de los pasos de peatones. Vean, si no, cómo han desaparecido por completo las de la calle Alfonso VIII, donde cualquier día de estos, alguno de los vehículos (y en ese concepto se incluyen coches, autobuses y motos) que van a cien por hora se lleva por delante a un incauto peatón.
            Pero si eso parece cosa prosaica, de poco fuste, los ojos municipales podrían ponerse en otros asuntos, como el desdichado quiosco de la música del parque de San Julián, al que prendieron fuego unos desaprensivos en los ardores del verano, destruyendo así un panel de los bonitos mosaicos que lo adornan.
            ¿Ha oído alguien si algún concejal, del poder o de la oposición, ha presentado ruego, pregunta o interpelación sobre la necesaria reposición de esos mosaicos? Pues no, que yo sepa.
            Más valía, sigo diciendo yo, que pusieran manos a una obra tan asequible, discreta y poco costosa, en ver de estar elucubrando sobre otras cuestiones.


jueves, 5 de enero de 2017

HORROR VACUI SONORO

         Entro en una cafetería, con un par de amigos, con la sabia intención de hacer lo que propiamente corresponde a establecimientos de ese nombre, o sea, tomar un café. El ambiente es agradable, sosegado, con un nivel acústico algo inferior a lo que es habitual por estas latitudes, donde lo normal es que todo el mundo hable a voz en grito. Quizá es así porque aún no hay demasiada gente: se ve que no es todavía la hora de que los funcionarios de alrededor salgan a disfrutar del asueto horario que les corresponde. Así y todo, el local está bien de público.
            Nos quedamos en la barra, intercambiando las correspondientes palabras de cortesía con el amable camarero, conocido de todos nosotros. Miro distraídamente alrededor. A un lado de la barra, una pantalla de televisión reproduce imágenes de lo que parece una tertulia de actualidad, una de tantas. Se ve a los actores de la comedia hablar y gesticular pero apenas se oye lo que dicen, aunque se puede adivinar gracias a la sucesión de inagotables subtítulos que van desfilando por la parte inferior de la pantalla.
            Me giro un poco y más allá hay otra pantalla, con otra cadena que está transmitiendo un partido de fútbol. Aunque ya se que en este país se juega al fútbol todos los días y a todas horas, me parece que no es fácil que ese sea un partido de verdad, en directo y, en efecto, en determinado momento se nos dice que se trata de un encuentro del campeonato del mundo de Brasil. Es una forma como otra cualquiera de llenar el tiempo.
            Doy la vuelta y observo que al fondo, en un rincón, sobre las mesas, hay otra pantalla en la que se recogen las contorsiones y evoluciones de un par de mozalbetes con sus guitarras (o lo que sea que retuercen entre las manos) interpretando, creo deducir, una pieza musical, igualmente inaudible. Intentando descifrar el logotipo situado en la parte inferior deduzco que se trata de una emisora musical.
            En la pared de enfrente, la pantalla reproduce mensajes publicitarios. Es fácil deducir que pertenece a la empresa Playthenet que, dicen, ellos mismos y los demás, ha venido a este mundo para, desde Cuenca, revolucionar la publicidad exterior y al parecer lo están logrando. Mejor para ellos.
            Estoy intrigado tras este recorrido visual y lo continúo, ahora ya de manera consciente. Aún hay otra pantalla, con busto parlante que debe estar leyendo noticias, porque pertenece al canal 24 Horas de TVE. Pero no es la última: queda una sexta, misteriosamente apagada, a oscuras.
Nadie hace caso de lo que está sucediendo en estas pantallas, ni de lo que se dice, se interpreta o se vende, pero ahí están. Por otro lado, tampoco se oye absolutamente nada. Están a un volumen bajo, discreto, y el de la sala lo apaga por completo.
El término horror vacui fue acuñado por los historiadores del arte para significar aquellos movimientos estéticos (el caso del barroco es ejemplar) que aspiran a cubrir con imágenes absolutamente todo el espacio disponible en el cuadro, la escultura, la pared o lo que sea. Es paradigmático su recurso por el arte islámico pero también en numerosos artistas contemporáneos. Pedro Merecedes lo hacía en sus figuras de barro, en las que iba grabando líneas y figuras hasta cubrir todo el espacio disponible.
No se cómo se le puede llamar al equivalente sonoro, pero eso es lo que pasa en estos locales, temerosos de que en ellos se haga el silencio que compensan llenándolo de ruido e imágenes, a los que nadie hace caso. Pero ahí están, cubriendo las paredes.


miércoles, 4 de enero de 2017

VIEJAS, QUERIDAS ESTACIONES



            Entre las buenas noticias que nos llegan en estos primeros días del año se encuentra una que a mí, personalmente, me produce amistosas satisfacciones. La genera la Diputación provincial desde donde se nos informa del proyecto de incorporar las vetustas, abandonadas, maltratadas, entrañables estaciones antiguas de la línea del ferrocarril a los planes ya en desarrollo para salvaguardar el patrimonio edificado provincial.
            Las desdichas de esas queridas y atractivas estaciones de trenes están vinculadas al pertinaz, malévolo abandono de la línea férrea tradicional Aranjuez-Utiel por Cuenca, según se definió en los orígenes, aunque ahora en realidad enlaza Madrid con Valencia si es que hubiera alguien tan insensato como para pretender hacer semejante viaje en el que se le puede ir media vida. De modo pertinaz, la empresa ferroviaria (ya saben, la Renfe inventada en la posguerra para sustituir a las antiguas compañías privadas que se habían repartido el pastel del territorio español) ha sido abandonando, año tras año, sin interrupción, un servicio que dejó de interesarle para dedicar todos sus afanes a la alta velocidad.
            En esa política de abandono entraron también las estaciones, tan vinculadas durante decenios a la vida de los pueblos. Una tras otra fueron cerrando para quedar muchas de ellas totalmente abandonadas y expuestas al inevitable proceso de ruina. En otros lugares con mayor visión de las cosas, por ejemplo, en el norte peninsular, se produjo un movimiento de recuperación de esos inmuebles para utilizarlos con otros fines, generalmente vinculados al turismo o al disfrute del medio ambiente. Aquí no ocurrió tal cosa, sino la contraria, como acabo de decir.
            Ahora la Diputación se propone recuperar esas viejas y bonitas estaciones, con un programa de intervenciones que se vincula a la muy eficaz tarea que en ese sentido viene haciendo durante los últimos años la institución provincial. No se nos ha dicho todavía qué se piensa hacer con estos inmuebles una vez recuperados, pero supongo que habrá algunas ideas ya porque restaurar por sí mismo no es un objetivo. Sí lo es que el inmueble recuperado tenga luego una utilidad social. Esperemos y, por ahora, digamos que bien está lo que se empieza con buena voluntad.


martes, 3 de enero de 2017

SENTIMIENTO EN HIERRO




            Quedan todavía algunos días, pocos ya, para poder contemplar una de las exposiciones más creativas a la vez que originales que nos ha sido posible ver en los últimos meses. Me refiero a la que ofrece José Martínez Gómez en las salas del Centro Cultural Aguirre, donde estará montada hasta el 15 de enero.
            José Martínez Gómez es de profesión laboral herrero, o sea, de los últimos ejemplares vivos que se dedican a la forja del hierro, a la que se ha dedicado con singular empeño y profesionalidad, haciendo durante años lo que se necesitada. A los pies del cerro de la Majestad, desde donde puede mirar de frente al Júcar, tiene su taller, ahora estudio, porque más allá de las funciones prácticas que de su oficio se esperaba, José Martínez empezó a desarrollar una dimensión imaginativa, original, artística. Lo podemos ver ahora con la exposición pública de una buena parte de sus últimos trabajos, en los que abre la puerta a figuras de animales, cuerpos geométricos, formas sugerentes cargadas de abstracciones emotivas, imaginarios fantásticos.
            No es la primera vez que sale del taller-estudio a la calle. Esta es su séptima exposición en solitario, formada por un conjunto de treinta piezas de las que se extrae, si es posible sintetizar en un solo concepto tanta variedad, el movimiento, en sus más exquisitas manifestaciones. Estas figuras, elaboradas con un material duro, estable, transmiten actividad, movimiento, viveza de líneas. Cuenta el autor que trabaja de manera espontánea, sin bocetos previos, trabajando la forma tal como se lo pide el cuerpo o sea, dejándose llevar por la inspiración.
            Para quienes aman la búsqueda de los misterios insondables de la creación artísticas podría añadirse aquí lo que dice un texto alusivo a este trabajo: “Al acechar en detalle las esculturas se descubre que están hechas de tres materiales para su creación (varillas, tiras y piezas modulares) unidas al material fundamental de sus obras, el hierro, bien encogido, fruncido, rasgado, o combinado con el fuego a base de soplete y muchas horas al rojo vivo”.
            La palabra no siempre es suficiente para acertar a trasladar los profundos sentimientos que transmite una obra de arte. Sólo la visión directa puede alcanzar la plenitud del significado. Ya lo saben: hasta el 15 de enero.